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Hágase la luz

Vamos a ser claritos: esto es una mierda. Aunque el sustantivo podría englobar un sinfín de cosas, me refiero – en este caso – al jodido blog. Repasemos lo de estos días: hará una semana o así me hice follower (yo!) de un “desconocido”, William Gibson (sí, el Gran William Gibson), GreatDismal en twitter, donde es un agente social bastante activo (también).

He seguido – y sigo – muchas de sus reseñas sobre la situación en Irán, excitado – me temo que igual que él – por el concepto de ciberguerra o ciberguerrilla extendido por la comunidad friki al respecto. Impagables los enlaces al cluster Gran Hermano de los Guardianes de la Revolución (tema: #iranelection en twitter), la extensión de señas y contraseñas, los retwitts de material gráfico y mensajes de ciudadanos iraníes perseguidos…

Devolví “Crítica de las ideologías“, que tiene ese tinte librepensador buenrrollero imposible de rechazar como guía de interpretación de la realidad. Tres o cuatro capítulos iniciales dedicados a la artera ansia de dominio del mundo de blancos europeos y subsiguientes WASP’s – imperio romano, iglesia católica, colonialismo decimonónico …, para seguir con el América para los americanos – y acabar – cómo no – con las arteras triquiñuelas postnazistas neocons, y el mega-corporate a la conquista del globo. Interesante. Irrechazable ¿Irrelevante?

Sólo como reflexión: lo he leído a trozos. Seguramente eso no facilita la querencia, ni el disfrute del trabajado hilo argumental del autor, pero… estoy mal acostumbrado. Quien haya leído a Stephen Jay-Gould me entenderá; los ensayos – en algún punto entre el libro de texto y la ficción – no tienen sólo que evitar ser densos o aburridos – y ese libro no lo es – sino que pueden estar soberbiamente escritos. Incidentalmente, libros como “El pulgar del Panda”, “Brontosaurus y la nalga del ministro”, o “La sonrisa del flamenco” del propio Jay Gould desarrollan el inquietante punto de vista de que algunas creencias obvias – u obviamente “incorrectas” – fueron en su tiempo célebres, innovadoras, punteras, liberales, lógicas… fueron verdades científicas. Cosas como la eugenesia, la jerarquía evolutiva y moral de las razas, la explotación salvaje de la naturaleza, la indolencia congénita de los negros o la pasividad bovina de los indios.

La lectura de otro libro (este pura SF: Brasyl, de Ian McDonald) me llevó a un curioso tránsito, y al descubrimiento de una nueva pista en la creencia – desearía que injustificada – de que por alguna jodida razón los otros – en este caso, los anglosajones – son más listos que nosotros, o por lo menos que piensan más, o que hablan mejor, vete tú a saber cuál es la diferencia.

Originaria seguramente de programas de TV en que se entrevista a anglos de la calle en algún contexto, la Creencia se instaló hace algún tiempo: veías al tipo respondiendo que Bush había trabajado bien esto, o que Clinton apoyaba los programas sociales por lo otro, que las ventajas del ingreso en la Unión Europea no compensaban la  pérdida de la influencia de la libra esterlina en la economía mundial,  incluso que los Lakers tenían grandes probabilidades de ganar el anillo porque el juego interior de los Pistons se resentía de la ausencia de un pívot efectivo en el uno contra uno. Tipos de la calle, en camiseta y tejanos, o con chándales de esos de a media docena por 30 euros en el equivalente anglo del hipercor.

“Son los doblajes” – pensabas. No puede ser que un minero de Devonshire argumente contra la entrada de Turquía en la unión por el efecto devaluador sobre el precio del cobre. Lo lógico es que diga fuera putos turcos, no jodamos. Pero te quedabas con la duda.

Mis contactos con seres procedentes de esos lares aumentaban mi inquietud. Edward, Aisha, John… bueno, pero ¿profes de lenguas, no? Así es lógico. Ya. Pero su curiosidad por la forma de decir las cosas, la agudeza en los comentarios, la búsqueda – siempre – del contexto y del significado adecuados… reveladores.

  • “Tú le admiras”- dice Ripley. La cabeza de Ash rezuma algún tipo de ácido blanco y viscoso. Los ojos sonríen.
  • “Admiro su pureza” – Luego Ripley lo quemó.

Volviendo a la idea original, encontré un blog – Realms of Speculative Fiction – que comentaba el susodicho Brasyl. No estoy de acuerdo con la crítica, pero esa es otra historia. La cuestión es que el autor es una chavala de 19 años (dice) eslovena, parte de un grupito de frikis “profes y alumnos de high school“. A despecho del tiempo y el esfuerzo y la suerte de tener todo ese tiempo para LEER y COMENTAR, y lo agradable de la estética y organización del blog, la reseña que hacen de este libro – y alguna otra que alcancé a leer – son realmente impresionantes.

Finalmente: la idea original de este post era hacer un breve comentario sobre un par de ideas que me rondaron por la cabeza estos días. Empezaron con una divertida crítica de Dawkins (sí, el de El gen egoísta) en “El capellán del diablo” sobre el posthumanismo, algo sobre lo que mis únicas nociones se reducían a ser el interesante contexto de algunas obras de Bruce Sterling (Reina Cigarra, Cibermatrix…). Eso es lo que tienen los grandes; convierten en oro cualquier concepto con sus palabras.

No me resisto a copiar un breve fragmento del tipo de discurso al que se refiere; me ahorro la crítica que desgrana la sabiduría de Dawkins, aunque la idea de base es que cuanto más simple parece ser una técnica, más se complica el lenguaje que sus inventores utilizan para definirla (algo que me recuerda a muchos gurús de este medio).

“Podemos ver claramente que no existe correspondencia biunívoca entre los vínculos significantes lineales o la arqueoescritura lineal, dependiendo del autor, y esta catálisis maquinal multidimensional y multirreferencial. La simetría de escala, la transversalidad, el carácter pático no discursivo (…).

El posmodernismo al desnudo (El capellán del diablo, pp. 70-77).

Sí, no os sintaís mal. Yo tampoco entiendo nada. Navegando navegando, encontré otra joya – esta ya propia de la red – de algún iluminado que desentraña TODO el sustrato conceptual sobre el que descansa la serie Matrix, que, de forma tal vez no tan sorprendente, supone – según el autor – un compendio de absolutamente toda la historia de la filosofía y la ciencia mundiales, desde el zen místico hasta la teoría de las supercuerdas (Filosofía en MATRIX). Sin desperdicio.

Bueno, noi. Esto era otra prueba, y, francamente, no creo que haya funcionado. ¿A quién coño le interesan todas estas paridas? Ni siquiera he puesto un chiste…

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June 25, 2009 Posted by | filosofía | , , | 1 Comment

Quebrantahuesos

Ladrón de Huecos es un ente semisubterráneo de carácter general, pero sólo un poco. En su mayor parte, en cambio, pertenece al género de los equidnas, tanto mitológica como zoológicamente. Espinas, ojos rojos y ciegos, humor rancio; haber tenido de compañera a Medusa tantos años no ha servido para mejorar su humor. Vale la pena  dejarlo en paz. En cambio, Alfarero Loco levanta la cabeza y le habla:
– Hace calor, aquí dentro – muestra su mejor sonrisa, sólo para empeorar la situación. Además, huele.
– A qué te refieres, patán? – Equidna se da la vuelta, dudando si morder o pedir un traslado.
– El calor! Toda esta gente… Apretados… Y tantos morenos, o chinos o indios y eso… – Señala alrededor. Están rodeados de gente, todos con sus carpetas de colores y el papelito con el número encerrado en el puño, echándole un vistazo cada vez que aparece una nueva línea en el panel, seguramente para ver si uno de los dos ha cambiado.
– Si al menos hubiera una cola! -insiste Alfareo Loco.
Alguien Que Lo Ha Pensado Mucho ha situado el panel informativo bastante alto, sobre una puerta, pero lo más alejado posible de las mesas de la entrada, para que el público esté atento y se empuje y se aglomere para ver, y no pierda el tiempo pensando en otra cosa que en acabar el puto papeleo del paro. Alguien Que Lo Ha Pensado Mucho ha añadido también panelitos invididuales encima de cada una de las mesas, justo encima, a unos veinte centímetros de altura, así que no hay puñetera posibilidad de ver si los números cambian a menos que tengas la suerte de que la aglomeración te aplaste contra ellos. Una chica con granos pequeños y grandes tetas te recibe en la puerta, y te da un Código en función de tus intenciones; Alguien Que Lo Ha Pensado Mucho ha dispuesto igualmente que un Vigilante Con Gorra diga sin mucho entusiasmo, de vez en cuando, “A ver, las colas aquí, por favor” o “No se me paren en medio de la sala”, “Asín no dejan pasar”, con esa cara de “por qué la gente actúa como animalitos; iletrados” mientras calcula cuánto rato falta para ir a tomar el bocata y la cerveza del almuerzo. Es un Vigilante Blando modelo “gordo-con-gafas”, versión “sudoroso 3.5”.
– ¿Para qué quieres una cola?
– Bueno… en las colas se puede empujar, no? Puedes colarte; puedes pegarte a la de delante si es un bombón… – Alfarero Loco sonríe de nuevo, dejando ver oscuras mellas entre los dientes largos y estrechos. Todo él es largo y estrecho: piernas, hombros, cintura, cráneo. Todo menos las anchas y pesadas manos. Alfarero es un Transfigurador.
Llevan allí casi tres horas. La chica les ha dado sus papelitos de Conjuro, sonriente, tras preguntarles si llevaban los Certificados, deneís y demás, y ha indicado vagamente unas mesas que se supone están al fondo, tras la masa de turbantes, piercings, burkas, michelines, camisetas imperio y pelajes de colores diversos y de diversos olores. Equidna inició aquella obligada tarea como una Campaña – revisión de material, Presencia Adecuada, enfoque estratégico, Intención e Intensidad, planning de trabajo, dos toneladas de paciencia – pero ha perdido la mitad de todo hace ya rato, cuando encontró a Alfarero Loco esperándolo en la puerta, y la mitad restante después, a medida que se le han ido empapando los sobacos en el aire cargado y rancio.
– Mira, voy a salir un momento a respirar fuera, vale? Me tomo un café y vuelvo. Avísame si llega mi número – Agita El Móvil, que responde indignado con una alarma de “Sueño” y un escupitajo tentativo. Puerta con puerta con la Oficina hay un Local de Reunión, cutre – menú a 7.50, fotos de bocatas en sepia, carajillos, callos y cerveza, ADN y Qué? de dos semanas atrás en una de las mesas de formica, parroquianos gritando y chino inexpresivo detrás de la barra. El rito del Café a Destiempo es casi obligado, una muestra de que uno puede salirse de los Procedimientos en el momento que quiera. Ladrón de Huecos lo dominó hace tiempo. Además, conlleva otros ritos menores (un par de cigarrillos, tal vez), que empiezan a pulsar con insistencia.
– Claro! – Alfarero pone cara de “No te preocupes, yo me quedo de guardia!”, y eso hace dudar por un instante a Ladrón de Huecos, pero la urgencia del tabaco puede más.
Sale a la calle, entra en el Local, pide café con leche y donut, el chino sigue con cara de no entender nada pero le sirve ambas cosas, y Ladrón empieza un artículo de la revista que había traído para pasar el rato, S&F. Es la cuarta vez que lo empieza, y, como en todas las ocasiones anteriores, recorre casi la mitad antes de confesarse que no se ha enterado de nada. Algo sobre la constante de Planck y los quantos y los espacios Yalabi-Tau, o Calabi-Yau, o algo. “Con lo fácil que es viajar en el tiempo” – piensa. “Un encantamiento menor faxdirigido y ¡Hala! vuelta a dos semanas atrás”. Pero la Ciencia le divierte, tan rígida y tan solemne y tan complicada y tan pueril, y con todos esos tipos vestidos de blanco con sus gorros y sus aceleradores y sincrotones y doctorados.
Sin embargo, eso le recuerda que la semana anterior perdió más de la mitad de sus Poderes – junto con el contrato de Consultor Mayor – que eran cesión temporal de la Empresa: no más BKBRY (buckybola de retorno yuxtapuesto), no más correo corporativo, no más dietas, no más horarios extendidos… Sin darse cuenta, está revisando de nuevo la escena: Óscar el Ominoso y CD/DJ (Director y Consejero Delegado) charlando amablemente con una tacita de té delante, y después con él. Palabras amables, miradas al techo – que acabó sintiéndose incómodo -, bajadas de ventas y clientes desaparecidos en alguna otra dimensión. Sólo se salvó la tacita de té, de la quema. Él, y otros catorce, a la calle.
Acaba el café y enciende el tercer cigarillo ¿Cuánto rato ha pasado? Bah, al ritmo que lleva la cosa, habrán avanzado tres números. Comprueba el Móvil; sigue dormido. Le indica al chino que quiere un cortado. En la tele, media docena de Comunicantes menores, sentados en butacas que parecen quemarles el culo, se rebullen y le gritan a alguien fuera de pantalla; sonrisas de lado, frases a medio acabar, chismes de fondo, fotos de alguien en traje de noche, en bikini, sin bikini…  Para compensar, el Ente invisible – conexión telefónica, informa el Locutor Mayor – grita también. “No me había acostado con él…” “Eso díselo a tu madre, rita…”, “Yo te vi con tu ex mientras tu novio salía…”, “No os enteráis de una mierda…”, “Me dijiste que él era más importante que ella…”, “Sé cosas de ti ¿sabes? tengo una copia de tu partida de nacimiento…”
Tres cortados y medio paquete de cigarrillos más tarde, Ladrón de Huecos invoca el reloj ¡Una hora y media! Paga, recoge revista y tabaco, y vuelve a entrar en la Oficina casi corriendo. Hay mucha menos gente; el Vigilante y la chica ya no están, igual que la mitad del Personal que atiende en las mesas. No ve a Alfarero por ningún lado. En el panel las listas de números ya no cambian; el último es justo el siguiente al suyo. Nota como sus sobacos se humedecen de nuevo, sensación de vacío en el pecho, el corazón en caída libre. Entonces ve una silla desocupada, junto a la entrada, y justo al otro lado un Funcionario removiendo papeles.
Joder! Es hora de actuar como lo que es, un Consultor. Manipulación mental, concentración, control verbal y de esfínteres. Revisa su recetario y prepara un conjuro poderoso. Ante este tipo de Entes sólo funcionan Invocaciones de Rango, Seguridad y Complicidad. Reconocimiento. “Ya sé que el trabajo que hace es de veras importante; las normas son básicas”. Fuera del contexto de intercambio de bienes del mercado real, los Funcionarios únicamente son reactivos ante el respeto sagrado a los Procedimientos. Se sienta. “Verá, parece que se han saltado mi número”. La Sentencia firme que ha preparado de antemano sale en un murmullo chillón. El Funcionario que ocupa la silla está cerrando una fiambrera como si manipulase material radiactivo; cuando al final levanta la vista – cejas juntas, una cabeza de cada color –  parece encontrar que hay algo extremadamente interesante justo detrás de Ladrón, y que Ladrón no está allí para ocultarlo.
– Mi número.. éste, ve? AO-199… Yo… creo que la máquina se lo ha saltado; yo estaba… ahí. No sé qué ha pasado, pero… – El poder mágico de la Sentencia firme es algo del pasado. Agita el papelito arrugado ante la cara del Funcionario, ahora menos seguro de que vaya a funcionar.
– Está cerrado. Ve? Cerrado – El Funcionario indica la pantallita, donde pone, efectivamente, Cerrado. El papelito parece tan invisible como Ladrón mismo – Tendrá que coger otro número ¿sabe?
– Pero… no está… la chica esa de los granos no está. Ya no pasan más números. Y yo venía a apuntarme al paro… – El Funcionario lo mira un momento cuando dice “granos”, sólo para volver a bajar la vista negando con la cabeza.
– No está, la chica. No hay números. Bueno… – dice, sin dejar de recoger. Habla muy bajito y muy lento. Lo mira, ahora sí, como alguien que está decidiendo si lavar una camiseta vieja o hacer trapos con ella – … Entonces, tendrá que volver mañana, no? Ahora está cerrado.
Afuera, Alfarero está hablando con la chica de los granos, todo sonrisas y chistes y manos largas. Levanta la vista y le ve – Es Laura – dice – Estábamos quedando para vernos aquí mañana – Algo en la expresión de la chica le dice a Ladrón que “mañana” ella faltará al trabajo – Y eso que ya estamos, eh?  Tú también has acabado, no? Menos mal! Qué peñazo.
– No me has avisado… – dice Ladrón – No me has llamado.
– No ha parado de sonar el móvil! Juan, Cristina, Jaime… Jo, todo el rato al teléfono. Echa humo! Van a hacer una fiesta, para mí… bueno, para nosotros. Al final he tenido que invitar al tipo que me atendía, uno que hay en una mesa de la entrada con una cabeza de cada color. Después de la tercera llamada, incluso me ha llenado él los formularios y todo. Qué amable! – Entonces Alfarero ve el papel en su mano – Ah! No lo has podido hacer? Seguro que te faltaba algo! No te preocupes: revisamos lo que tienes, y mañana te acompaño otra vez!

May 11, 2009 Posted by | INEM | , , , , | Leave a comment